La alimentación del joven futbolista

POR PROFESOR MARIO STURLA


El tipo de alimentación del deportista debe ser como “un traje a medida”, preparado y procesado específicamente para cada individuo.

Entonces es aconsejable ponerse en contacto previamente con un médico especialista en medicina deportiva, con el fin de someter al joven atleta a un examen médico completo y a un cuidadoso análisis, para proporcionar las “directrices” a seguir en la práctica deportiva.

Una dieta saludable es una valiosa fuente de nutrición, con la ventaja de ser de fácil digestión, asimilación y traducida en energía pronta. Por lo tanto, es esencial proceder con una dosis variada y completa. Debe tomar una buena dosis de azúcar y carbohidratos, como pan, pasta, arroz, fruta, siempre acompañado del consumo diario de verduras, alternando el consumo de carne (preferiblemente blanca como pollo, pavo y conejo) y pescado.
El pescado es siempre un alimento precioso, porque además de ser rico del famoso omega 3 contiene yodo, azufre, zinc, fósforo, vitamina A y D, todos los cuales son útiles para el bienestar físico del atleta.

Y es recomendable cocinar cualquier alimento en la manera más espartana posible, sin enriquecerla con más grasas. El mejor condimento para la comida siempre es el aceite de oliva virgen extra no cocido.

En la fase de desarrollo es importante (si no hay alergias a estos alimentos) el consumo de leche y productos lácteos.

Los dulces se pueden conceder como gratificación y no como una regla: son preferibles las clásicas tarta de manzana o pasta frola preparadas de la abuela o de la madre, o simplemente tostadas con mermelada o miel.

El suministro hídrico es crucial. El agua, como se conoce, comprende aproximadamente 70 -75% del organismo humano, y constituye el sustrato sobre el que crecen la mayoría de las reacciones químicas orgánicas. Una persona debe beber por lo menos 2 ½ litros de agua por día. La norma recomendada es para beber, especialmente cuando no se tenga sed, a menudo y en pequeñas cantidades, preferiblemente lejos de las comidas. Siempre es preferible el consumo de agua sin gas. Hay que recordar que la deshidratación, aunque puede ser leve, no sólo afecta a la termorregulación, sino también en el rendimiento deportivo en general. La importancia primaria constituye, finalmente, el momento de la asunción de los alimentos. El consejo clásico es de comer las comidas tres horas antes del entrenamiento, ya que esto se ha convertido en un verdadero dogma. Esta regla permite, en primer lugar evitar trastornos dispépticos (eructos, distensión abdominal, náuseas, vómitos, ritmo cardíaco anormal) que se agravan por el esfuerzo físico y, en segundo lugar, es útil para evitar consecuencias aún más graves después de un trauma (pensemos, por ejemplo, a un baile con el estómago hinchado).

Por último, vale la pena señalar que, teniendo un joven todavía que enfrentar las fases de crecimiento y peso lineal, se puede – siempre bajo supervisión médica, y en función de sus necesidades – variar la cantidad de alimentos en las distintas etapas de crecimiento. Mediante la evaluación simple, no invasiva, económica, con un instrumento llamado plicómetro, el médico especialista en medicina deportiva , puede controlar el grosor de la grasa subcutánea. Esta es una valiosa ayuda en la elaboración del traje a medida que queremos para el atleta.

El sentido común, más allá de los consejos médicos, es siempre la mejor garantía para un estilo correcto de la alimentación, y por lo tanto de la vida.